
Creo que puedo presumir de haber sido una de las primeras personas que se dieron cuenta de su llegada. Un día de mercado en el que estaba sentada en lo alto del banco de Britannia, le vi entre la multitud. Parecía un hombre normal, algo más fuerte por su oficio, pero sin nada en especial. Salvo su mirada. En ella podías ver que estabas ante alguien excepcional, alguien con una ilusión sin límites, alguien destinado a cambiar el mundo.
Lo admito, me dejó anonadada. Ha pasado demasiado tiempo desde que vi a alguien así por lo que descendí entre la gente y comprobé su mochila. No había pagado el impuesto y ni a una persona tan excepcional se le puede permitir caminar sin que le fuera cobrado. Recogí el tributo pero opté por no tocar los lingotes y el material que llevaba. Junto a su aspecto, sus pertenencias me permitieron saber cual era su oficio y no quise interferir en su destino. Me alejé de el, le di un codazo a uno de mis chicos y le encomendé la misión de seguirle.
Horas después recibí su informe. El hombre había ido de herrería en herrería por toda la ciudad, discutido con los maestros armeros y expuesto nuevas ideas. Por lo visto su éxito fue desigual pues de algunos sitios salió a patadas, de otros con la cabeza gacha y de los menos con una sonrisa complacida. Era de esperar, aquel hombre traía la innovación bajo el brazo y pocos aceptarían un cambio que les moviera de sus cómodas poltronas. Rápidamente anoté los nombres de los herreros que habían escuchado sus palabras. No hay que ser demasiado lista para darse cuenta de que en el futuro serían fuentes de riqueza y de impuestos pagados.
Después desapareció de la ciudad, perdido entre la multitud del puerto. Sin embargo sus palabras quedaron en la mente de algunos artesanos que dedicaron toda la noche a mantener encendidas las fraguas, trabajando arduamente en lo que prometía ser el futuro.
Tiempo más tarde me confirmarían que el artesano había recorrido las ciudades de Sosaria de forma similar, con respuestas variadas pero siempre con la ilusión por delante. Explicaba a cada artesano unas nuevas técnicas que había desarrollado por su cuenta y cómo aplicarlas sobre las armas Demon. Yo no entiendo mucho de esas cosas, soy feliz con un cuchillo facil de ocultar y rápido de clavar, pero las Demon son conocidas por todos. Una de las cumbres armamentísticas, se sabe que hay que encerrar a un demonio en paredes de lava y que su poder las hace brillar con una terrible luz azulada. Y el prometía mejorarlas.
No tardé en ver los cambios, con las tabernas abarrotadas de guerreros con la sonrisa en su cara, narrando las nuevas proezas que habían logrado con dichas armas. Los talleres a rebosar de compradores, dejando sin material a aquellas herrerías que habían decidido escuchar a aquel hombre y dejando de lado las que aún vendían armas antiguas. Y los herreros, buscando a los luchadores para preguntarles con orgullo por sus propias armas y buscando cómo mejorarlas aún más, lograr ese ansiado equilibrio entre la velocidad y el daño.
Los rumores han comenzado a extenderse, el artesano de las Demons comienza a ser una leyenda. No es para menos, ya que el mismo se ha encargado de demostrar que no es un hombre corriente. No ha pedido riquezas ni honores, unicamente un techo para descansar y una cena caliente, a quienes ha mostrado como crear las nuevas Demons. No ha dado su nombre aún, nadie sabe de donde ha salido ni donde va a estar el siguiente día. Y ha prometido volver dentro de poco con nuevas técnicas para otras armas, no se detendría en las Demon.
Me preocupan algunas voces que insinuan que podría ser una encarnación del dios de la guerra, que nos trae un don o una maldición. Espero que ningún loco trate de probar esa teoría usando una de sus armas contra el. Sería una lástima, porque ese artesano me cae bien. Aunque temo que sus nuevas armas traigan más mal que bien...