Siempre ha sido un tema polémico. Algo en parte generacional, en parte lucha de clases. Desde que los informáticos dejamos de pasear en bata blanca por las salas repletas de máquinas ojeando listados de papel continuo, hemos tenido que decidir sobre la conveniencia o no de mantener una "apariencia adecuada".
No es mi intención seguir con la amarga discusión sobre si ir de traje y corbata al trabajo es moral o funcional o si por el contrario ir "de calle" demuestra falta de seriedad. Para mí esto es dar vueltas y no llegar nunca a una conclusión. Es cierto que, salvo en El Gran Héroe Americano, un traje no te va a hacer ni mejor ni peor profesional, pero es igual de cierto que nuestro trabajo implica mantener un trato adecuado con los demás.
Mi consejo personal es evitar en la medida de lo posible que el hecho de llevar una ropa u otra perjudique nuestra labor profesional. Si vistiendo de acuerdo a lo que el cliente espera conseguimos una mejor actitud por su parte y facilita nuestro trabajo ¿por qué no hacerlo? Es más, visto desde otro ángulo: ¿no querer llevar un tipo ropa es un principio por el que se deba arriesgar el resultado del trabajo?
Con esto no quiero decir que se deba ir siempre de punta en blanco, respetando las modas de corbatas, trajes y vestidos. Emilio Tucci, Hermes y Pedro del Hiero. Puede ocurrir (y no es la primera vez que lo veo) que un cliente que vista informalmente se sienta demasiado intimidado por un proveedor con atuendos más "litúrgicos". Tan sólo hay que procurar saber estar en consonancia con entorno.
En muy pocas ocasiones se alcanza un juicio completamente objetivo por parte de los demás. Nuestra valía depende del criterio de nuestros superiores o de nuestros clientes, criterio que en muchos casos contiene sensaciones y sentimientos personales. Es este juicio con el que realmente debemos encajar en primer lugar. Después viene la autocrítica y la opinión propia. Aunque la razón o el sentido común esté de nuestra parte, no debemos olvidar nuestros objetivos como profesionales y estos no dependen del todo de nosotros.
Existe una excepción que confirma la regla de la indumentaria: En ocasiones, para algunos profesionales, resulta conveniente destacar y, utilizando términos de marketing, diferenciar su oferta de entre las demás. Aportar un sello personal para ser recordado o identificado. Un ejemplo claro de ello se ve entre los compañeros dedicados a la formación o la comunicación en un sentido más amplio. En todo caso, esta es una técnica que requiere habilidad y confianza en uno mismo, ya que al juicio de la etiqueta se puede añadir el prejuicio de la envidia.
Un saludo a todos.
Dentro de mi plan profesional actual y también como medio para llevar a cabo mi deseo de compartir mi experiencia, decidí que era conveniente certificarme como formador en tecnologías Microsoft. Entre las opciones para conseguirlo, se encuentra la asistencia a un seminario en el que al final de éste se entrega un certificado de habilidades.
Siendo sincero, he de reconocer que consideré el "seminario de certificado de habilidades" inicialmente como un mero trámite: pagas lo que piden, te quitas de un día de trabajo, pasas unas horas en una sala haciendo que prestas atención y te llevas a casa un documento sellado tal como si se tratara de una aventura gráfica. Estaba totalmente equivocado: en contra de lo que esperaba, el seminario fue planteado como un foro de participación entre los asistentes, donde pudimos intercambiar nuestras experiencias y opiniones. La audiencia estaba formada en gran parte por profesionales de la formación y todos en general éramos gente con mucha experiencia a nuestras espaldas, por lo que era lógico no enfocar el tema como si fuera una mera retransmisión. Se trataron además gran cantidad de aspectos no sólo relacionados con la formación en sí, sino que también se abordaron temas más generales, tales como el hablar en público (cosa que encontré de extremada utilidad) y el diálogo y el uso del lenguaje.
Todavía estoy asimilando todos los puntos que se trataron, pero, como he comentado, el resultado para mí ha sido tremendamente positivo. Seguramente avance sobre algunos de los contenidos y los utilice en algunos de mis artículos. Por ahora, quisiera remarcar un concepto el cual considero muy importante para todos aquellos que trabajamos de cara al cliente: la asertividad. Ya que es nuevo para mí también, prefiero dejar un enlace de su definición (mil perdones por ello) para que pueda investigar por su cuenta aquél que esté también le resulte algo nuevo y le llame la atención.
Mi recomendación para todos aquellos que estén interesados en la formación es que si se lo pueden permitir no duden en realizar este seminario. Recomiendo también esta clase de cursos a todos aquellos que quieran iniciarse en la realización de presentaciones, en hablar en público o en el trato con los clientes.
Por último me gustaría agradecer desde aquí a nuestro instructor en el seminario, Elisardo López de la empresa Marcom-Deli, su tiempo, su dedicación y su excelente técnica a la hora de trasmitir sus conocimientos.
Saludos a todos.